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La habitación del poeta, Robert Walser
Los Inrockuptibles, junio de 2005

El escritor escribe sobre lo que siente, oye y ve, o sobre lo que se le ocurre. En esto, que bien podría pasar por una banalidad —y que en realidad lo es—, se resume el hasta ahora inexistente decálogo del buen cuentista escrito por Robert Walser. El hecho es que este escritor suizo nacido en 1878 y muerto en 1956, maestro de Kafka —y de tantos otros—, escribió sobre lo que sentía, oía y veía con una furia inusual, publicando lo escrito en diarios y revistas suizas, austriacas, alemanas y hasta húngaras, tantas que ni el mismo llevaba el control de lo que salía de su pluma y terminaba impreso; tanto que ni él mismo recordaba que había acabado en el cesto de la basura y qué sobre el escritorio de algún editor (su novela Theodor, por ejemplo, escrita en 1921, fue literalmente olvidada en la editorial Rowohlt).
La habitación del poeta es un nuevo volumen de rescate de textos breves y poemas compilado por Bernhard Echte, producto de ese trabajo de arqueología literaria al que Walser es tan proclive; o mejor dicho, que promovió de un modo desmesurado, construyendo un "perfil de autor desinteresado" por otorgarle interés a la enorme cantidad de ideas útiles que tiene en la cabeza, que deja su propio capital inactivo porque no tiene a ningún individuo cerca a quien le llame desinteresadamente la atención toparse con riquezas inesperadas (editores y críticos, para Walser). Dicha arqueología, que no cesa, seguirá dando a luz (felizmente) compilaciones inéditas como La habitación..., pero su interés (como el de La habitación...) no residirá tanto en la sorpresa como sí en la repetición. Y esto no quiere decir que funcione en Walser el "más de lo mismo" al que tanto artífice de la palabra escrita nos tiene acostumbrados. Walser nunca pretendió otro cosa que repetirse, nunca fue atacado por el virus de la originalidad, aunque, de algún modo, sus incursiones distraídas y sus digresiones tienen un tono propio y personal, tono al que defendió con tanto desinterés y tan poco ahínco que hoy pasan por "kafkianas". En La habitación del poeta hay rastros de textos olvidados que hubieran debido integrar otros libros publicados en vida, como Las composiciones de Fritz Kocher o La rosa. Siempre banalidades provocadoras que si a algo aspiran es a que el lector (y el propio Walser, tal vez) se reencuentre con la risa perdida.